Benicàssim (1)

La Plana Alta

Castelló
Correo
Facebook

El Desierto de Las Palmas

Accesible para vehículos Conjunto arquitectónico Actividad cultural Vista panorámica Entorno natural Relevancia histórica Centro devocional Establecimiento hostelero
  • Accesible para vehículos
  • Conjunto arquitectónico
  • Actividad cultural
  • Vista panorámica
  • Entorno natural
  • Relevancia histórica
  • Centro devocional
  • Establecimiento hostelero

El Desierto de Las Palmas es uno de los enclaves más bellos e interesantes no sólo de la provincia de Castelló, sino de toda la Comunidad Valenciana. Con una extensión de 3.200 ha, ocupa buena parte del término de Benicàssim y zonas de los municipios limítrofes, en un emplazamiento privilegiado de las estribaciones del Sistema Ibérico. Su nombre hace alusión a que era y es lugar de retiro y aislamiento de los monjes de la Comunidad Carmelita, y nada tiene que ver con su riqueza natural y paisajística: declarado Paraje Natural, es una verdadera y valiosa reserva de la flora y fauna mediterránea más representativa.

Benicàssim Desierto de Las Palmas
Benicàssim Desierto de Las Palmas
Paraje Natural del Desierto de Las Palmas
Benicàssim Desierto de Las Palmas

Además de por rutas alternativas, senderos y pistas forestales, se puede acceder cómodamente con vehículo al Desierto de Las Palmas por la carretera CV-147, que recorre todo el paraje uniendo las ciudades de Benicàssim y Castelló de la Plana, pasando también por el Ermitorio de la Magdalena. En su km 8 se encuentra el Centro de Información del Paraje Natural.

Los desiertos era como se llamaba a los lugares deshabitados e idóneos para la vida monacal de los carmelitas, alentada por un espíritu eremítico impulsado por la Contrarreforma que buscaba la soledad, el silencio y el ayuno en una vida dedicada a la espiritualidad y la contemplación. Así, este monte, que según la tradición estaba santificado por San Elías y San Eliseo, fue elegido como idóneo para establecer una nueva comunidad carmelita, obteniéndose licencia del rey a finales de 1693. El 2 de febrero de 1694 se ofició la primera misa en el paraje y en 1698 se iniciaron las obras del convento que se terminaron en 1709, aunque su iglesia se concluyó en 1733, fecha para la que ya se habían construido otros de los edificios carmelitas, entre ellos las ermitas más antiguas.

El año 1783 marca un punto decisivo en la vida de esta comunidad. Unas lluvias torrenciales que se prolongaron de septiembre a diciembre provocaron el derrumbe del convento y de varias ermitas, que quedaron irreparablemente dañados y, debido a lo inestable del terreno, sin posibilidad alguna de reconstrucción. Se decide entonces edificar el que se llamará Convento Nuevo en un emplazamiento distinto y más seguro, comenzándose las obras en 1784. Éste es el monasterio que ha llegado hasta nosotros y que, a lo largo de las vicisitudes de los últimos siglos, sigue acogiendo hoy en día a la comunidad carmelitana. Aún pueden verse también las ruinas del Convento Viejo, que ponen en este paisaje un contrapunto muy evocador.

Benicàssim Desierto de Las Palmas
Ruinas del Convento Viejo
Benicàssim Desierto de Las Palmas
Convento Nuevo
Benicàssim Desierto de Las Palmas
Convento Nuevo

En el Desierto de las Palmas llegaron a haber hasta trece ermitas relacionadas con el convento. De ellas han sobrevivido nueve, aunque algunas no están en uso y de una de ellas sólo quedan ruinas. Cuatro han desaparecido por completo, y a las nueve supervivientes hay que añadir la de San Juan de la Cruz, construida a principios del siglo XX. En la actualidad, por lo tanto, son diez las ermitas que se conservan, en mejor o peor estado. A ellas habría que añadir los Antros, Grutas y Lauras de los que se habla en su sección correspondiente.

De todas estas ermitas, sólo la de San Miguel en la cumbre del Monte Bartolo responde al tipo de ermita-santuario. El resto de ellas son más lugares de retiro espiritual y meditación que verdaderos templos, edificadas para que los monjes hallaran la soledad fuera del convento, lo que explica su gran número y también su uniformidad constructiva: capillas pequeñas rectangulares, retiradas y con excelentes vistas, con cubiertas de tejas y escasas aberturas al exterior (normalmente una ventana en la izquierda de la fachada, mientras que la puerta se situaba en la derecha). El interior tenía cuatro estancias formadas por dos tabiques cruzados en cuya intersección quedaba un espacio para una lámpara que ardía toda la noche, iluminando a la vez todas las dependencias. Éstas eran un vestíbulo-locutorio para recibir las regulares visitas del prior, un estudio-dormitorio, una cocina y la capilla u oratorio propiamente dichos.

Los materiales constructivos eran fiel reflejo de la austeridad de la Orden: rústicos paramentos blanqueados levantados a base de mampostería realizada con elementos autóctonos, como piedras de los alrededores y lajas de rodeno.

Principio de Página